Barrio Cuba: historias post-revolucionarias
Todo el mundo opina sobre Cuba. La gente va una o dos semanas de vacaciones y vuelve con la impresión de que lo ha visto todo; será el ron, será el son. Se haya ido o no a la isla caribeña, es cierto que la información que llega desde distintos bandos (unos dicen que eso sí que es vivir, sin estrés ni complicaciones, sólo lo justo y lo necesario; otros dicen que no tienen nada de nada, que se mueren de hambre), es tal que uno no sabe muy bien cómo interpretarla. Una vez más, el cine intenta poner orden a tal disparidad de criterio.

El director Humberto Solás (La Habana, 1941), nos ofrece un retrato más o menos plural de lo que se cuece en el país americano. La revolución pierde fuelle en parte de las nuevas generaciones (no así en mucha gente de edad avanzada), creando una ansiedad difícil de superar en muchos casos y que fuerza a muchas personas a salir de la isla. También están los que se quedan, que viven justos pero en cierto modo felices y prefieren no arriesgar, creando un mundo alternativo al límite de lo permitido. Quedan los convencidos: hombres y mujeres que creen en una sociedad más justa, una sociedad donde se apliquen las máximas de la revolución, sin perder nunca la esperanza. Esta es parte de la realidad política-social que Cuba posee. Cuando entran los sentimientos se complica aún más y el film nos lo explica.
Con el núcleo familiar como base, Barrio Cuba es una película de historias cruzadas, de personas que van, que vienen y que desaparecen, por un tiempo o para siempre. El amor imposible entre un viejo carpintero y una enfermera unos cuantos años menor que él; la dificultad de poder tener descendencia de una pareja, siendo casi definitivo para la ruptura de la relación; la huida de un padre después de la muerte de su mujer, sin tener en cuenta que hay un hijo por medio que le necesita… Son pequeños retazos de vida que se unen a otros tantos, para formar una película brillante que intenta poner algunas cosas en su sitio, explicando sin artificios una parte del día a día cubano, que yo… presumo real.
José Luis Dana

